La venta de sombrillas, banquitos y empanadas de minilla a orillas de la carretera Paraíso-Las Flores tercera, fue la mejor señal de la cercanía del mar. Unos panorámicos ofreciendo toda la información para llegar a la Playa del Sol es el último tramo para encontrarse de frente con el Golfo de México, que este viernes amaneció picado.
Los elementos de Protección Civil ya habían enterrado la bandera amarilla en la arena, delimitando con claraboya y redes la zona segura para los bañistas.
Son apenas las 10 de la mañana y el estacionamiento está medio lleno y sólo se encuentra un grupo de policías platicando junto a un par de camionetas de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC).
Una empleada del Ayuntamiento municipal, vestida de color naranja, da la bienvenida a los bañistas e informa que a la una y media tocará un grupo musical, en un escenario montado sobre arena. La hora es ideal si uno desea descansar del sol, pero por lo pronto los vacacionistas están en lo suyo: niños jugando en el mar, muchachas poniéndose bloqueador solar en brazos y piernas, y los mayores tomando la brisa fresca.
"Ándele, joven, ánimese, sólo me queda una sombrilla, ya renté las otras dos. Ha venido bastante gente hoy, y van a llegar más después de la representación. La gente viene porque es una playa segura, en otros años venían playistas en moto y se regresaban a pie. Pero las cosas han cambiado muchísimo", sonríe Paola, paraíseña que desde hace 10 años, junto con su familia, se dedica a vender o alquilar sillas, mesas y los ya mencionados parasoles.
Uno de los que rentó una sombrilla es el señor Pol, se refresca estirado a todo lo que da en un camastro mientras mira a su mujer meter los pies en la orilla. Uno temería preguntarle a este nativo de Cancún qué le parece esta playa con historias de piratas, pero sin el turquesa del caribe. Y para sorpresa, lo que dice es digno de inscribirse en un libro de visitas (debería de haber uno en cada maravilla de paisaje).
Con toda su humanidad se pone de pie y voltea hacia atrás y apunta con su brazo hacia un punto en la parte superior donde los visitantes al arribar no resisten en columpiarse y tomarse la foto.
"Ve usted lo que hay allá. Son cámaras de vigilancia. Uno como turista lo que aprecia mucho cuando pasea por otros lados es que haya seguridad. Yo vengo de Cancún y allá tenemos dos playas así, le llamamos prototipos. Y están monitoreadas. Por eso nos detuvimos con mi familia aquí, por la seguridad", explicó.
Bajo una palapa fresca, la familia de don José se prepara para lanzarse al agua. Los niños son acompañados por su esposa a chapotear en la orilla mientras él los mira alejarse.
"Mi familia viene de Guadalajara, yo soy también de allá, pero trabajo en la refinería. No dudé en traerlos a pasar el día aquí. Es muy seguro desde que entras, y todo está bien organizado. El estacionamiento, las palapas y los baños están muy limpios", comentó.
Desde una plataforma de madera, los salvavidas que estaban oteando la playa, descienden por las escaleras y caminan hacia la lancha de rescate tipo zodiac. Entre todos empujan la embarcación y cuando están metros adentro del mar se suben y aceleran el motor.
"No se alarme. Cada tanto dan sus vueltas por toda la orilla -aclara doña Lorena, la única mujer que acercó su sombrilla hasta donde revienta la espuma las olas. Desde allí cuida a sus hijos.
"Nosotros somos paraíseños y hemos venido desde la otra semana. La playa está muy limpia desde entonces. Como podrá ver, nada que ver con la percepción que intentan hacer creer en redes sociales sobre que las playas de Paraíso están llenas de chapopote", expresa sonriente.
Pasa un vendedor de platanitos y Michel lo llama, pide unos con mucha salsa. Para este oaxaqueño de Salina Cruz, la playa Del Sol es muy bonita y mejor que la de su tierra. No es malinchismo, aclara y ofrece una explicación mientras sostiene una toalla esperando que salga del mar su esposa.
"Las playas de mi tierra son extensas pero no hay lugares bien acondicionados para disfrutarlas. Allá no hay sombrillas ni palapas para descansar un poco del sol. Tampoco un lugar como éste, donde te ofrezcan bebidas y alimentos", comentó feliz de elegir el Golfo y no el Pacífico.
Jacqueline y su esposo parecen novios platicando bajo una palapa. Se despertaron esta mañana en una colonia del municipio de Centro y se dijeron: ¿Por qué no vamos a la playa? Y aquí están, sin maletas, sin alimentos y sin toallas. Pero muy dichosos. El bloqueador solar, las bebidas y la comida la compraron en los numerosos locales que están en la palapa principal.
"Tenía tiempo que no veníamos y vemos que han mejorado en todo. Hay más control, todo está bien organizado y las playas están limpias. Nosotros no trajimos nada pero si algo se olvidó seguro aquí lo encuentras porque venden de todo", dice levantando su vaso hacia el mar, como si brindara por todo eso.
Comunicado 2168/2026
Villahermosa, Tabasco
Sábado 4 de abril de 2026